2 de febrero de 2012

Duendes en el Cerro de la Estrella y en algunos otros lados


Dos experiencias dentro de mi familia.

  • Primero la de mi Primo al ver duendes en la punta del Cerro de la Estrella (Iztapalapa, México D.F.), hará 10 o 12 años.
  • Y la segunda, ocurrida a mi abuela materna hace decenas de años.

La Punta del Cerro de la Estrella

Esta es una de tantas  experiencias “paranormales” (así entre comillas porque debemos recordar siempre que TODO lo que pasa en los Universos es NATURAL) que le han acontecido al Primo Héctor Jiménez (algunos de ellos ya narrados AQUÍ), en la punta del Cerro.

Claro que antes de la punta, pues están las faldas del Cerro, pero para conocer datos de esta zona baja puede verse el siguiente: link o vínculo. Por lo que paso hacia la parte de arriba, aún más allá de la última construcción que es el Museo del Fuego Nuevo:

·        El Cerro de la Estrella (al sureste del Distrito Federal, México) aunque está completamente inmerso en la mancha urbana, se cataloga en la actualidad como Parque Nacional (en Google Earth lo encontrarán en 19°20’37”N, 99°05’23” O).
o   La ruta oficial de acceso es por el norte, desde Av. Ermita
·        Senderos. Obviamente son serpenteantes, pero la mitad de ellos están pavimentados y el resto son veredas muy claras y fáciles de seguir. A veces se puede uno perder, pero esto no es tan grave, pues si se va hacia arriba eventualmente se llega a algún mirador y se puede uno orientar, y si se camina para abajo se encontrará en área urbana (aunque en colonias de “paracaidistas”, es decir de gente de bajos recursos que han fincado a la mala, son barrios bravos).
·        Mirador. Hay varios puntos que cumplen esta función, pero el lugar que oficialmente se llama “El Mirador” está a dos tercios de la altura y mira hacia el poniente.
·        Petroglifos.  Son difíciles de detectar pues no están señalizados ni protegidos.
·        Pirámides. Aparte de la pirámide principal de la punta de lo que fuera el Templo del Fuego Nuevo (enlace externo: Ceremonia del Fuego Nuevo en Wikipedia), existen varias pirámides a la mitad de la altura, pero muy alejadas entre sí, pues corresponden a los antiguos barrios prehispánicos de las faldas del Cerro. La pirámide de la punta está hoy enrejada (por una obra pública monstruosa, sin estudio de imagen) y las demás no, por lo que sufren diferentes deterioros de niños (que juegan a las “escondidas” o futbol) y jóvenes (principalmente para “noviar”, “cervecear” y drogarse).

·        Cuevas
o   En la antigüedad, las cuevas y las grutas, permitieron, por ABAJO, la conexión con otros templos y palacios fuera y lejanos al Cerro. Esto bien visto es muy práctico pues aparte de ser rutas de escape en caso de un cerco, eran usadas más frecuentemente por corredores especializados que fungían como mandaderos o mensajeros, pues así viajaban protegidos del sol, la lluvia y de criminales o enemigos. En estos aposentos subterráneos  había cuartos y víveres para restaurarse. Algunas de las cuevas (cuya abertura daba a la calla de Capri, Lomas Estrella 1ª Sección) tenían sillas, mesas y nichos pulidos en las rocas; esto me tocó verlo de niño, pero en la actualidad están bloqueadas con materiales modernos para evitar que la gente (principalmente niños) se metan y pierdan o que se usen para maldades adolescentes.
o   Cueva del Diablo. En la actualidad está enrejada por 2 o 3 tipos de parchado de rejas diferentes, pues siempre va a existir la persona o personas que desean experimentar bajar por ella. Lo que lleva a la destrucción de la puerta o la creación de una hendidura. A la luz del día y sin posibilidad de asomarse hacia su fondo, no se ve tan aterradora, además de que la maleza disfraza un poco la verdadera dimensión de la boca. Aquí han ocurrido muchas cosas difíciles de creer y accidentes mortales.
·        La punta está a 2,433 msnm (metros sobre el nivel del mar), esto en realidad no es tan espectacular pues mi propia casa está a 2,244 msnm (189 m de diferencia).

En esta punta es donde ocurrió esta primera historia.
Pirámide del Fuego Nuevo.
Sobre esta base estaba un templo de madera.
El ritual se desarrollaba cada 52 años (correspondiente al año nuevo de los mexicas)


El Duende

El Primo Héctor llevó a sus 2 sobrinos (el niño de 9 años y la niña de 7 aproximadamente, hijos de una de sus hermanas) hasta la pirámide de la punta.

Era el medio día de un día entre semana, no había gente y la horrorosa reja estaba todavía a unos 8 años de distancia. El Primo traía agarrada de la mano a la niña, mientras que el niño (más dinámico) se avanzaba o retrocedía 10 metros. Que se despegara no representaba problema alguno pues el Cerro es apacible, la poca gente va en plan familiar y los que van solitarios tienen un aire deportista o aventurero, además de que hay vigilancia constante (antiguamente era a caballo y en la actualidad se usa más la tricicleta motorizada).

La escalera directa hasta la pirámide tiene escalones firmes, bien forjados en concreto, serpenteantes, con un ancho de 1.00 m y obligadamente tiene descansos a intervalos regulares. Nace casi en la entrada de la “Cueva del Diablo”, separada de esta únicamente por el camino principal pavimentado (6 m de arroyo y acotamiento variable).


En los mencionados descansos anteriormente había macetas de barro, de esas grandes que acostumbra el gobierno: un cilindro sin más pintado de naranja, con 3 o 4 patas. Algunas tenían un maguey y un arbolito raquítico (en la actualidad solo se conservan los magueyes, algunas macetas se rompieron y solo quedó la masa de tierra y en la parte baja de las escaleras se han hecho jardineras).

El Primo y la niña llegaron al final de las escaleras y voltearon hacia abajo para ver donde se había quedado el sobrinito. Se le veía allá en los primeros escalones, en el primer descanso. El Primo Héctor le gritó por su nombre para que se apurara (pues la idea era estar poco rato y regresar a comer a la casa –que está en San Francisco Culhuacán en la falda suroriente del Cerro-).

El sobrinito parecía indeciso entre subir o quedarse en el descanso. El llamado se repitió tantas veces que el Primo Héctor dejó a la niña arriba y se desanduvo la escalera.

Finalmente el niño también reaccionó y se vieron a la mitad del trayecto. Ya los 3 llegaron a la plataforma donde se yergue la pirámide. Ahí aprovechó el Primo para preguntarle: “¿por qué no subías, acaso no me escuchabas?” Y el otro le contestaba,  con candor: “Sí, te escuchaba, pero estaba platicando con un hombrecito.”

Esto puso en guardia al Primo pues se imaginaba a un hombre adulto escondido fuera de las escaleras tratando de atraer al niño para algún ilícito.

-“¿Dónde estaba ese señor?”
-Ahí en la maceta.
-¿Atrás de la maceta?
-Nooo. Adentro de la maceta.
-¿Cómo que adentro de la maceta?

Al Primo Héctor este tipo de cosas realmente no le extrañan (a mí tampoco), pero aún así le siguió preguntando al niño:
-¿Cómo se veía?
-Normal: vestido con camisa y pantalón pero en chiquito.
-¿Qué tamaño tenía?
Abrió los dedos: Unos 10 cm.

Casi entusiasmado agarró a los 2 sobrinos y bajaron hasta la maceta. Ahí le volvió a preguntar dónde estaba el hombrecito. Ahora el niño, señalando el centro de la maceta (que tenía un arbolito raquítico y un maguey mediano), casi repitió el diálogo que transcribí anteriormente pero agregando:

-Extendía sus bracitos arriba y me decía “ayúdame” (o “acompáñame”). Pero tú me estabas hablando. Y no sabía qué hacer. Y al final me subí.

Obviamente en esta inspección solo había tierra y aire.

Todos se sintieron levemente defraudados de que no se repitiera la visión ahora con todos ellos juntos. Bajaron del Cerro por los senderos de tierra, no les pasó nada más, y se fueron a casa a comer.

Ahora que escribo esto el sobrino tiene aproximadamente 20 años; en el lugar exacto se ha hecho una jardinera de concreto (ahí sigue el maguey original, pero no el arbolito) y se le ha dado mantenimiento a los escalones. Pero años atrás yo ya conocía esta historia y pude ver la maceta y claro que me asomé. Solo vi lo que ven de cotidiano los ojos físicos: nada.

El Primo Héctor ha seguido viendo más cosas, incluso las ha fotografiado con los nuevos teléfonos portátiles con cámara integrada. Pero esas “investigaciones” las mencionaré en otra ocasión, que aún hay mucha tela de donde cortar…

Más duendes

A mi abuelita materna no la conocí, pues murió de cáncer varios años antes de que yo naciera. Sin embargo para mí es un personaje vivo, como se verá en esta segunda historia.

Mi abuelita materna, Doña Susanita Ciriaco, le platicaba a mi mamá que siendo muy pequeña (5 años aproximadamente) allá en el pueblo del que son originarios (Arcelia, Estado de México), tenía que ir al interior de la sierra con su hermano mayor (18 años) a cuidar a los animales que tenían.
Había ahí una choza, en donde ella, niñita, se quedaba a dormir, pues esto se hacía de noche y de madrugada. No había más luz que la del fogón y la vela.

Una vez se despertó y vio a muchos hombrecitos rodeándola. Gritó. El hermano vino machete en mano y gritaba “¿Qué sucede doña Susanita?”, pues así se acostumbraba entre ellos. En esta ocasión las visiones desaparecieron con la llegada del hermano.
Él trataba de consolarla y ella trataba de explicarse lo mejor posible. Aquel le decía que “todo había sido una pesadilla”.

Algún tiempo después, se volvió a repetir casi todo exactamente, pero al llegar el hermano las visiones persistieron.  Ella gritaba “Están aquí”, él repicaba “¿Dónde?”. Diciendo así blandía el machete en el aire en todo el derredor de la niña. Pero tal acto no espantaba a los duendes. Por lo que su hermano se quedó abrazándola hasta la salida del sol.

A partir de entonces cargaron con tabaco en un morral; con el desmenuzamiento del mismo podían hacer un círculo alrededor de la cama. Esta fue una protección muy poderosa y no se volvieron a ver los hombrecitos.

Moraleja

Ahora cargo en los bolsillos, siempre que salgo de casa, con un cigarro o dos, sin las boquillas (disque filtros) y  desmenuzados, también llevo en el carro una dotación igual.

Probablemente este tabaco es de tan baja calidad y en cantidades tan pequeñas que no han de representar protección real contra estos “visitantes interdimensionales”.  Sin embargo debo afirmar que infinidad de veces he subido al Cerro de la Estrella (tanto a la parte urbana como a la parte forestal), así como he estado en las casas y lotes de varios de mis familiares que viven sobre el Cerro y en donde garantizadamente ocurren “cosas”; y no me ha tocado ver ni percibir ni sentir nada realmente anómalo.

¿Sirve un cigarro desmenuzado en mi bolsillo? A ciencia cierta no lo sé, pero lo voy a seguir haciendo (incluso lo traté de inculcar en mis hermanos, con poca respuesta), y aquí me tienen  promocionándolo veladamente con este remate. Después de todo, no sería más tonto que traer el cigarro encendido en la boca.
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